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Las críticas constructivas y las destructivas valen cuando avisan de errores subsanables o no, pues sólo con plantearlas pueden reforzar y hasta endurecer la propuesta, proyecto, discurso, resultao o lo que sea pero después el:
- Ya lo decía yo no sirve ni al que se lo atribuya pa otra cosa que no sea ganar puntos como chivo expiatorio, también conocido como cabeza turco. Hay una tendencia espeluznante, realmente temeraria a sepultar la controversia por nimia que sea en pos del triunfalismo desbocao, ques lo que vende. Recuerdo que celebrando algo enun periódico comarcal con varias ediciones enotro bar o barra con cañas y tapas que, cuando las pusieron elque todavía no era director pero sí le había comprao su piso al editor que ala vez era constructor, cogió 1 palillo de dientes, conel palillo pinchó enlas bravas olas albondiguillas recién salidas del microndas y se lo llevó hasta la boca al editor constructor, que se lo comió sin mediar palabra ni otros gestos que no fueran el mirarnos estupefactos el resto de l@s presentes. Además de hacer las fotos, cuidar el archivo y algunos artículos de opinión, incluso sustituciones cuando l@s periodistas y hasta l@s que capataban publicidad faltaban, también hacía trabajos en las obras, fotos que aunque no se publicaban sí servían pa informes, paneles y otros cometidos más propios de la construcción que de la prensa, porloque tenía trato cordial, directo, frecuente y de confianza conel constructor editor y algun@s de sus familiares que trabajaban en los sectores más boyantes de la empresa, de los que recuerdo con agrado a la hermana que, aunque no pisaba la redacción había sido concejal y probablemente la iniciadora del grupo de empresas que nos daban empleo a vari@s trabajadores en cometidos más o menos lucidos. Sin embargo cuando pasó lo del pincho supe que to iría a pique. El pelota del pincho era aún más incapaz de lo que puedan concebir l@s que hayan llegao leyendo hasta aquí y con él al frente de la sección peridística, que rápidamente convirtió en audiovisual sin las mínimas precauciones, no peligraban los empleos, pues nos necesitaba y más, es decir, su incompetencia era lo que nos hacía realmente imprescindibles. Peligraba la empresa entera años antes dela crisis y se lo dije a algun@s publicistas, l@s mejores de la comarca, que por entonces trabajaban a comisión y se permitían cierta chulería enel trato con sus clientes. Debió ser por navidades cuando llamaron al periódico desde 1 ferretería enlaque tos los años montaban 1 belén que recordaba haber fotografiao 2 años consecutivos 2 y propuse tirar del archivo pues la ferretería ni siquiera se anunciaba. Pues no, al parecer habían hecho innovaciones en la iluminación y tuve que ir otra vez topándome conla sorpresa quel ferretero me pidió dinero si quería hacer fotos. Me encogí de hombros y le remití al periódico, hasta pensé llamar al publicista pues muchas veces trabajábamos hombro con hombro los reportajes. El ferretero adujo que lo trató conel director y cuando le llamé pa cerciorarme resultó que se olvidó avisarme, pero que daba orden inmediata a la secretaria que me trasladó que pagara y luego me lo devolvía. No hizo falta pues ni siquiera volví a pisar esos sitios. Todavía hoy, cuando veo 1 furgoneta conel rótulo dela ferretería delos belenes me río del mundo al revés. Aunque no seguí sus pasos, la televisión local llevó a la ruina la división editorial de la empresa del constructor conlas consiguientes pérdidas de empleos y lo más grave, de influencia en su ámbito porloque bastante antes dela crisis ya le habían laminao también los terrenos. Leí enloque quedó de sus publicaciones de sus problemas conel suelo pa las nuevas construcciones cuando apenas unos meses antes yo mismo trataba de tú al que seguía y sigue siendo alcalde principal de la zona y a varios de sus concejales e incluso había sido testigo de repartos enla sombra, aunque nunca no en mi provecho. No quiero decir que conmigo al mando los sucesos habrían sido sustancialmente diferentes o es precísamente lo que quiero decir, pero como perdí la confianza enel editor constructor y sus empresas cuando le vi aceptar el pincho del bar o barra que le llevó el pelota a la boca, ni siquiera me molesté en advertirle deloque porotra parte era escandalosamente evidente. Es la táctica que he seguido practicando y a na que algo o alguien me caen mal o no me interesan, ni siquiera pienso en sus asuntos o es lo último que pienso, me los borro en cuanto empiezan a bullir y paso rápidamente página buscando los míos, no sea que se me escape algún comentario que los pueda poner en alerta.