tarjetas de cristal

Escrito a las @ 12:29 AM el dia 26 Junio 2020 por docespi

Weet End Sant Antony Portmani diario de campaña resaca #26j Detalle de las inscripciones en la lápida de Tanit

Debo mi fijación por Dina Bousselham, de momento el único personaje del culebrón político de moda que tuve delante físicamente, a la algo más que provechosa lectura para mí de La llave de cristal, novela llevada al cine con el mismo título de Dashiell Hammett, ambientada en otra campaña electoral. Sin miedo a revelar detalles de la trama que me pareció soberbia y recomiendo su lectura, pues la película interpretada por Veronica Lake y Alan Ladd no conseguí verla todavía, es sobre todo la llamada treta del sombrero, capítulo 2 que consiste básicamente en que el protagonista Ned Beaumont consigue hacerse con 1 placa de ayudante de fiscal y 1 objeto personal de la víctima, el sombrero, logra encontrar antes que la policía al sospechoso principal del asesinato del hijo del candidato del que el protagonista es su hombre de confianza, en su caso 1 corredor de apuestas, y con el pretexto de reclamar sus ganancias a río revuelto, esconde el sombrero de la víctima en el doble fondo de 1 sofá del refugio que tiene todas las papeletas para ser registrado durante la investigación. Hasta ahí puedo contar, pero de la pieza separada número 10 de más de 30 del caso Villarejo, siempre sospeché que los investigadores que registraron su despacho pudieron hacer cosas parecidas a las de la novela como de hecho se acaba de destapar mientras lo cuento, aunque por supuesto a la gente que quiere justicia fulminante les parecerá poco que la citada pieza fue expulsada del caso mayor, y en 1 tremenda batería de revelaciones, prácticamente todos los que participaron en la treta desenmascarados, y prácticamente a los piés de los caballos los que la urdieron. No sé si el juez de la Audiencia Nacional García Castellón leyó esa novela en concreto, o cualquiera de mis continuas referencias desde 2016, año pródigo en elecciones así como los sucesivos, pero expulsar a Iglesias de la causa o del caso, y plantear emprender acciones judiciales contra él, así como exigir que no comparta la mismo abogada llamada Marta Flor, con Bousselham, y sobre todo, según informaciones según las cuales habrían recibido la ayuda del fiscal anticorrupción Ignacio Stampa, del que también se revela su apodo de Ironman, contra el que ha emprendido acciones la propia Fiscalía y del que se espera su inminente dimisión o expulsión del caso, y probablemente del cuerpo que tan mal representa, como mínimo da que pensar que si algo parecido hubiera podido ocurrir en la vida real y en España, al menos puedo asegurar que el juez no se parece en absoluto al de la novela y la película de Hammett. Pero que se lo pregunten a Alberto Pozas, que fue director de la revista Interviú desde 2008 hasta su desaparición en 2018, y luego alto cargo en el gobierno de Sánchez del que fue descabalgado y no se sabe que haya vuelto, así como a ninguna otra publicación, que tras declarar que la tarjeta -según algunas referencias despistadas incluso en junio 2020, se trataría de la SIM de llamadas, algo inverosímil por el contenido hecho público e incluso denunciado, SD de memoria en su declaración, la prueba que se publica y la mayoría de medios que dan importancia a detalles tan importantes- llegó a la revista de forma anónima en enero de 2016 tras haber aparecido en el cajón de la mesilla de 1 hotel de Madrid, relato tan peregrino por el que sin duda pasó de testigo a investigado al ver claramente el juez (quiero creer yo que lector de novela policiaca) que intentaba tomarle el pelo. Y no solo eso, sino que en su declaración no más ni menos mentirosa que todas las otras de la pieza separada resuelta, como por ejemplo las de la presunta denunciante del robo del móvil que podría ser multada por cualquiera de las 6 ó 7 versiones de las que se ha desdicho, sino tan torpe el pseudoperiodista que al preguntarle el juez durante el interrogatorio cómo demonios había llegado la tarjeta de la asesora de Iglesias, de la que se publican fotos tras ser pasada por el microondas (se trata efectivamente de 1 SD micro de memoria), que se la entregaron según las declaraciones del editor Antonio Asensio Mosbah y sus compañeros Miguel Ángel Liso y Luis Rendueles, al comisario Villarejo, dijo que se había quedado guardada 1 copia en su ordenador, algo que pasó meses después de que se hubiera publicado la filtración de Eduardo Inda en OK diario con el que se trataba de relacionar, y que parece ser el objetivo de la trama al descubierto, de forma que pudo ser cualquiera. Ni siquiera parece seguro que hubiera tarjetas de cualquier tipo, pues ya en la propia publicación se veía perfectamente que el chat en el que se produjeron los comentarios machistas contra la presentadora de TVE Mariló Montero seguía funcionando de modo ajeno al soporte de hardware, tarjeta o dispositivo de cualquiera de sus miembros entre los que no me cuento, pues aunque estoy inscrito y participo en varias aplicaciones para móviles, que sean multiplataforma, como también prefiero los navegadores, me parece la principal tara de Telegram, pero se reconocía perfectamente que eran pantallazos, y se sospecha y sin disimulo que la propia Bousselham a través de su marido, Ricardo Sa Ferreira fueron los filtradores, desconozco los motivos, y no solo al primer medio que lo publicó, sino a varios más, mientras que los 2 soportes físicos conocidos, tanto el que apareció en el registro a Villarejo como la tarjeta aportada como prueba por Bousselham que le devolvió Iglesias pasada por el microondas son grabaciones para la ocasión. Ni siquiera hay que ser experto informático de tertulia para percatarse de que si la aplicación se jacta de ser solo para móviles, todos los que dicen haber visto el chat de los dirigentes en equipos informáticos de sobremesa o portátiles (que sí suelen tener 1 lector multitarjetas para cargar y descargar archivos) no saben ni de lo que hablan. Tengo 1 Raspberry Pi con sistema operativo Android configurada como servidor de páginas web XHTML CSS que actualizo frecuentemente en el editor del equipo de sobremesa y tengo que andar trasteando con 1 pen drive con conexión USB porque la tarjeta SD de 15 GB en la que se monta todo es impenetrable desde cualquier otro explorador de archivos, tanto del portátil con puerto para todo tipo de tarjetas de memoria con adaptadores así como en el multilector externo que también incluye ranuras para las SIM y DNIe, que en todos los casos puedo duplicar y transportar, pero en casi ninguno abrir siquiera para visualizar y no digo ya actualizar archivos en concreto, si no es sobre la propia plataforma para la que están configuradas. Y de postre, como si el juez García Castellón quisiera burlarse de los farsantes, encarga a la policía científica investigar a Recuperación Express, empresa supuestamente de Londres y en otras versiones de Berlín, a la que según la denunciante del robo, mandó intentar reparar el contenido tal como le fue devuelta por Iglesias, algo que probablemente sea tan falso como todo lo demás.

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