Las barras de las bar, valga la redundancia sin concordancia, han sido siempre hoteles por horas, refugios en los que difícilmente se traspasa el día completo pero que mientras nos acogen tan agustito hay de to lo que se pueda necesitar. Así empiezan también las bar. Google es una barra. Paciencia los que entran y salen que en variedad de bar pa gustos, más que hoteles con diferencia, desde los chiringuitos de las playas a los refugios de alta montaña, que la vida es comuna escalera por la que lo mismo nos vemos subiendo, incluso cargaos con muebles como bajando a patadas desde lo más alto. Con permisos y sin permisos las bar florecen como las botoneras con la lluvia en los campos de golf abandonaos por la especulación inmobiliaria. Luego hay que montárselo aunque según los casos los resultaos cantan como la lotería. Vale, no es difícil abrir una bar y los márgenes comerciales, ques como se paga la estancia enestos hoteles singulares son de dominio público, igual que las triquiñuelas pero no se trata deso. Lo prueba la evidencia que en los primeros momentos de existencia es frecuente ver a los barman en otras bar porque la parroquia propia se hace día a día y se busca en las otras parroquias, ya digo, los tránsitos son continuos y 1 bar de más o de menos en la ruta se acepta con agrado. Los precios de la lista, la frecuencia en las invitaciones y los esfuerzos propagandísticos suplementarios también son directamente proporcionales a la parroquia. No se puede empezar la casa por el tejado aunque bien es verdad ques la envidia ajena la que mide el éxito propio. También cuenta y mucho la mala suerte pues como predican los sabios que en Europa han sido la cara sonriente de la potra nunca se reconoce. Se diría que puede otra trampa que nos tiende nuestro oráculo buscando la perdición del que la disfruta y se viene a más arrastraos por lo que creen méritos propios. Como hay barras de fortuna también hay bar pa las ocasiones señaladas.
|
|