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Comer de Tupper

Sigo pensando que hay diferencia abisal entre el puñao de bazas que me he sentido, incluso visto traicionao vilmente y que difícilmente puedo olvidar, aunque me gustaría, y los millones y trillones de veces que intentan engañarme tos los días. Desde muy niños crecemos en el engaño, no solo Walt Disney, los reyes en general y los 3 magos en particular, el ratoncito Pérez y otras muchas patrañas que se puede calificar de engaños consentidos o impuestos, o los 2, pues hay muchos tipos de mentiras y palabras pa decir lo mismo, tomadura de pelo, síndrome de Peter Pan se llama a la determinación pueril de negarse crecer más allá de lo razonable, incluso cuando envejencen manteniéndose en estaos próximos a la inmadurez, cualquiera tendrá las suyas, espero que no tan exagerada como la de Michael Jackson, aunque parece que al final tuvo su merecido que le negó la justicia a mano, mañas o trazas no se sabe si de los que hizo o hicieron suyo, pues ya digo que traición es otra cosa, aunque tampoco su contrario, parece casi cuestión de grados. Los mentirosos caen bien y la gente se ríe o nos reímos de los traicionaos casi pa purgar nuestras propias traiciones, como dijo Aristóteles de la utilidad los dramas y tragedias puestas en escena. Se me ocurre también que las actrices guapas y parece que difíciles de conquistar son sometidas a sustos, desengaños amorosos, incluso torturas, y parece que eso es lo que gusta a los espectadores. Yo en particular a los sujetos que justifican actos reprobables que me ahorro, tanto porque alguien los ha engañao como los que le echan la culpa a sustancias les redoblaba la pena, y además se la aplicaba de inmediato a declararse culpables. Es más, estoy convencido que la bravuconería que emana de la ignorancia puede llegar a poner en peligro la supervivencia de la especie Hom@ en el planeta Tierra, si no es eso lo que está pasando, y no solo empresas, familias, países y puede que continentes, grupos de gente que se tiran de cabeza a la destrucción como algunas sectas exageradas. Ya es triste que no haya nunca nadie dispuesto ajustarle las cuentas a los mentirosos pues como se ve son o somos muchos los dispuestos a reírnos de buena gana con solo habernos zafao de su influjo, pero someterse, plegarse, hasta vitorear a los traidores, aunque sea de otros, solo abunda en lo bajo que vamos cayendo y en que pa eso ni siquiera hay fondo, apenas la certidumbre de que otro vendrá que incluso hará bueno al miserable anterior.