arte de la intervención digital

En cierta ocasión me invitaron a cenar en 1 hindú (de la India de Asia) cerca de la glorieta 4 Caminos (de Madrid) especializao en picantes que también podría llamar curry pero sería incorrecto en parte porque el curry picante se da en la gastronomía de toa la zona, también en Tailandia y en Vietnam con la carne perro, por ejemplo, por lo que el camarero del restaurant hindú nos preguntó explícitamente al tomar nota del menú silo queríamos poco picante, picante o muy picante. Como me comí 1 realmente picante menú poco picante ni siquiera probé los platos que 1 de los comensales que había vivido unos años en América Central pidió pal centro la mesa, además de los suyos, que pidió muy picantes. Mediaos los platos se nos acercó el chef del restaurant para preguntar qué nos estaba pareciendo, en especial alque pidió lo más picante, que respondió agradecido al interés del chef, como no podía ser menos, pero lo encontraba normal para su gusto. Con cara de preocupación el chef pidió permiso para llevarse algunos platos que al poco rato regresaron desde la cocina aparentemente iguales, ya digo que ni antes los había probao, aunque por suerte hubo 1 comensal en nuestra mesa que se obligó a cumplimentar el cumplido. El que había vivido en América Central de niño siguió comiendo, bebiendo y hablando con aparente normalidad, hasta salimos por nuestro pie sin más novedad que tomarnos la última en otro sitio antes despedirnos, de la que se excusó. Apenas alcanzamos a volver verlo semanas después, muy demacrao todavía pero orgulloso de haber perdido unos kilos a base de agua limón, arroz delicias y sólo levantándose de la cama para ir al excusao en el que sin embargo pasó muchas horas viendo revistas y antídoto a escondidas. A fuerza de tiempo, dosis de voluntad pormi parte, paciencia que no tengo, pero sí han tenido conmigo, y sobre todo que odio justificarme, he llegao a ser fontanero en muchos fregaos, aunque prefiero que me llamen jardinero. 1 fontanero ó 1 jardinero manitas, también llamaos personal de mantenimiento, es alguien disipao palo suyo, vamos, que parecemos desordenaos porque de normal lo tenemos todo patas arriba. El estao de mis equipos informáticos y los de mis áreas de influencia es el de destripaos y cuando alguien quiere ver o que miremos algo suele creer que no están operativos porque ve el módem, la tarjeta de red o la gráfica colgando por fuera las torres, apenas prendidas de cables de colores que, eso sí, pueden cambiarse rápidamente de 1 equipo a otro, pues algunos de los periféricos y accesorios que manejo son por fortuna de esos fabricantes que además de vendérnoslos a sus afortunaos poseedores quieren además que nos sigan gustando después de compraos, que gracias pero no me puedo permitir tener 2 por razones de espacio. En todas las visitas presenciales que recibo, quien más quien menos siempre quieren que les calcule otras posibilidades, quizás esperando que los equipos informáticos sin los silenciadores de las tapas revienten como amenanzan cuando rugen al aire y las veces que han podido (descubrí el antídoto), una vez oída mi solución, sólo me servía para que me llevaran la contraria, aunque condujera al desastre que además también era por mi cuenta o a mi cargo. Todo cambia cuando en vez de soluciones o modos de funcionar o aunque sólo sea poner en función algo y probar a ver que pasa, planteas los problemas crudos y siendo generoso siembras dudas, momento en el que ves cómo se destruyen a sí mismos los que sólo se dedican a repicar en lo de los demás igual que se derrumban sus conspiraciones y psicomontajes a varias bandas. Es la codicia de los miserables, su existencia la que les levanta las capuchas, desenmascara a sus guionistas garbanceros y sus trapacerías al tiempo que les desentierra los cadáveres a los que siguen pegando puñaladas los mismos sicarios que se lo inventaron todo. Leyendo el reportaje, report, dossier, informe, historia en los tiempos antiguos o caricatura sobre los graciosamente denominaos métodos de Aguirre y sus fieles se diría que el articulista Luis Gómez hace gran esfuerzo como el producido por el curry muy picante para intentar dar cobertura de coherencia a lo que más parece improvisación, chapuza, desorden, mala educación, pésimo gusto y en general la desconexión que sienten los bebés al mirar sus manos, sus ojos, sus piernas como piezas separadas sin sospechar todavía que forman parte del mismo cuerpo. Coincidiendo con el juramento de Barak Obama como presidente de los United States de América proyectaron por la tele algunos documentales sobre la llegada el poder de su predecesor demócrata John F. Kennedy. En 1 explicaron su asesinato en Dallas como el acto aislao de 1 perturbao solitario que aspiraba a hacerse famoso con el magnicidio para tratar de explicar después su confuso ideario en los inevitables procesos que se siguieran, de hecho dejó dinero y 1 carta de despedida a su mujer, pues esperaba ser detenido el mismo día que hizo los disparos desde la biblioteca pública en la que trabajaba. El asesinato posterior del asesino truncó sus explicaciones y sembró de misterios 1 acto ya de por sí imposible de entender. Hubo una pausa, probablemente publicitaria hasta que apareció el especialista de turno que se explayó sobre la necesidad colectiva del americano medio y en general los Hom@ sp? de creer en 1 especie de inteligencia superior o buscarla afanosamente, incluso cayendo en el ridículo con lo de los otros mundos y no dejarlo en una búsqueda de inteligencia a secas, algo así como necesitar contínuamente teorías de la conspiración, incluso criándolas y hasta alimentándolas para aceptar o intentar asimilar cualquier suceso absurdo como lo es el de matar para salir en la tele y obtener algún beneficio deso. Por los mismos derrotes se alumbran los misteriólogos que intentan demostrar la existencia real, histórica de Jesús de Nazareth que, si se mira bien ni es el problema ni la duda principal pero los personajes literarios y de culebrones, incluso los más lograos son planos, sin matices, acartonaos, como hechos de una pieza, sin desarrollo más allá de su leyenda urbana, coherentes de la mano de sus creadores mientras que las dudas, los problemas, la existencia e incluso los testimonios contradictorios sobre la vida real de Jesús de Nazareth no vienen si no a abundar en la existencia histórica del Hom@ sp? más mentao que, siendo tan pocas o ninguna las certidumbres a las que podemos engancharnos, incluso cuando nos las dan hechas, que también nos libran de paso o en parte de lo que pase, con lo que comulgamos sólo comulgamos si queremos ni por mucho veneno que nos pongan.

formulario