Escrito a las @ 11:56 PM el dia 7 Diciembre 2010 por admin
Los #madrileños querían hacer pisos pues decían que las ruinas del antiguo parque eran construcción antigua que había sido poblado, con agua suficiente en los pantanos ya construidos, que corría algunos meses por el arroyo sin título porque no habían alcanzado acuerdo pora ponerle nombre en las chapas. Los nombres de las calles y plazas se cambiaban al instante si el nombrado caía en desgracia o quería hacer marketing con su chapa. Los nombrados querían repartir los ingresos por las placas que vendía el ayuntamiento para que no las robaran o si las robaban, tener repuestos. Primero nos mandaron las palomas, Columba palumbus expulsadas de las plazas, las calles, las terrazas y las obras porque multaban con 300 a los incautos que se les acercaban por descuido, había que quitárselas de encima, quitarlas de encima de las mesas de las terrazas, limpiar las rectoplastias. Vale, fácil, prohibimos dar de comer a los animales salvajes bajo multa de 300 y a recaudar. Quita los coches manchaos, Gallardón, quita 300 para financiar las obras permanentes, las palomas fuera de aquí, quita bicho para los pueblos de al lado, que me desplazo en tren de cercanías, en metro y en autobús herméticamente climatizados. Detrás de las palomas llegaron las #freecotorra argentina Myiositta monachus y tras ellas los #madrileños, solos, parejas diversas, neutras, grupos neutrales indiferenciados que googleaban pisos nuevos más baratos.
- O el parque de las ruinas es reducido a escombros como está Madrid entero o hacemos 1 Disc Golf a las palomas, Columba palumbus y las las #freecotorra argentina Myiositta monachus que se escondieron aquí.
- Eh, cuidadito que hay más pájaros, algunos protegidos.
- ¿Queréis cascotes y escombros u oír discos voladores a todas horas? que por disparar vamos a cobrar a la gente, no vamos a estar aquí de brazos cruzaos, nosotros a lo nuestro. Necesitamos mucho dinero para mantener en obras todo Madrid. Además, ese poblado está en ruinas, no nos gusta ver ruinas, en todo caso escombros, no sea que vayan a salir arqueólogos de debajo de las piedras. Lo tenemos todo en obras porque nos gusta, ¿por qué crees que hemos venido a vivir aquí? y por 1 temporada, que nos volvemos al foro en cuanto podamos. Luscinia megarynchos, cría de ruiseñor disparada en el Disc Golf sobrevivía en los jardines y bosques de Europa y Asia en primavera y en verano y emigra a África al llegar el otoño. Es un pájaro de pequeño tamaño y de costumbres crepusculares muy difícil de ver, a lo que también contribuye el color castaño de su plumaje.
- Por Perú tenemos un ave originaria de las Américas a la cual llamamos ruiseñor. Los colonizadores españoles le pusieron ese nombre por el parecido de su canto con el ruiseñor europeo. Nuestro ruiseñor lleva por nombre científico Mimos polyglottos; es un imitador extraordinario y se tienen registros de un ave imitando 32 sonidos diferentes de otras aves,voz que oyeron en los días antiguos y que se apunta como hipótesis en el origen del lenguaje humano. Tiraron discos voladores a las también migradoras o no según los vertederos a cielo abierto y de las excedentes reservas del perseguido cangrejo Astarus de río americano invasor cigüeñas Ciconia ciconia blancas, enotro tiempo bienvenida welcome portadora dagoreros felices. 3 palomas, Columba palumbus refugiadas de los discos voladores en la jardinera de la terraza de 1 piso. Contra las personas y los pisos afortunadamente no nos disparaban los madrileños pos dañaba sus reputaciones. Igual que erradicamos la fiebre hasta las décimas para siempre, los madrileños tiraron discos voladores a las aves de los árboles y del arroyo sin título, la pareja de mochuelos y sus crías, Athena noctua también fueron disparadas en la torre de las ruinas, 8, 9, record de palomas, Columba palumbus por disparo. Los buitres, Gyps fulvus trabajaban a destajo porque no se recogían los desperfectos, los buitres contentos, que a esa plaga la protegían y la cultivaban si hacía falta. Los que querían pagaban por fotos exclusivas de los fotógrafos y fotógrafas del Disc Golf Polvoranca pisando el pájarito disparado por el pescuezo. Pareja de ánades, Anas platyrhynchos que intentaron refugiarse cerca de la autopista de circunvalación del Disc Golf Polvoranca. Ni 1 Gallinula chloropus, polla de agua o gallineja, ni 1 pájaro moscón, Remiz pendulinus, ni 1 pardillo, Carduelis cannabina, muy pocos tordos, Sturnus unicolor, menos gorriones, Passer domesticus y algún jilguero, Carduelis carduelis escaparon indemnes de los discos voladores. Junto a uno de los últimos petirrojos, Erithacus rubecula y Fringilla coelebs, pinzones, los madrileños tampoco dejaron sin disparar ni 1 papamoscas, Muscicapa striata, ni 1 urraca, Pica pica, ni 1 Serinus serinus, verdecillo ni por supuesto, sonroja decirlo, ni 1 Carduelis cannabina, pardillo. Los madrileños siguieron librando sus guerras particulares en el Disc Golf Polvoranca igual que disparaban contra los hospitales de la Seguridad Social de los pueblos que decían vecinos. También tiraron discos voladores sobre los Sturnus unicolor, tordos, estorninos, pájaros de unos 24 centím. de largo, cuerpo grueso, pico delgado y negro, lomo gris aceitunado, vientre blanco amarillento con manchas pardas redondas o triangulares y las cobijas de color amarillo rojizo, muy común en España, se alimenta de insectos y de frutos, principalmente de aceitunas, sobre los gorriones, Passer domesticus y las tórtolas turcas, Streptopedia decaocto.
- ¡Aporrearme a mí! tratamos de proteger a los pocos pájaros que iban quedando sin disparar en el Disc Golf el llamado Día de las Aves 2013 celebrado en viernes, pero siendo tan listos los pájaros para contar los huevos que tienen que poner en los nidos respectivos para empollarlos, no sabían nada de discos voladores y la milana bonita de Los santos inocentes, imposible clasificar su familia y especie, de Delibes también fue disparada sobre las ramas del olmo, Ulmus minor más alto del parque de las ruinas.
- Al suelo no podemos tirar discos voladores porque sos ponéis delante, pues a na que vuelen a los árboles toma, toma y toma. El arroyo sin título bajaba ensangrentado, que tienen poca sangre las aves, pero tienen. Se intentó poner CD´s en las ramas y en palos, como hacen los apicultores para espantar a los pájaros, pero eso de subirse a los árboles aunque no fuera a columpiarse estaba mal visto por los madrileños y mucho mucho menos visto o muy poco visto si tenían los móviles o las cámaras para registrarlo.
- Que los #madrileños y Leganés somos primos, nos dijeron. Más los de Leganés vuestros, vamos que os dejamos que os vengáis porque lo tenéis todo en obras y tiráis discos voladores a las aves del Disc Golf. Cuando las espantaron y dejaron las cortezas y las ramas de los árboles llenas de puntos anotados, los madrileños decidieron llamar al sitio Parque de Tiro Abreviado como en el célebre soneto de Quevedo en el que advierte a Flora de la brevedad de la vida para no malograrla. Los Yaghanes, tribu de Tierra de Fuego extinguida a finales del siglo XIX eran nómadas por naturaleza, aunque rara vez iban lejos. El etnógrafo padre Martín Gusinde escribió:
- Se parecen a nerviosas aves de paso que se sienten dichosas y gozan de paz interior sólo cuando están en movimiento, Bruce Chatwin, En la Patagonia, 1977. Un otoño le encargaron a unos fotógrafos de una revista de arquitectura un reportaje sobre el arroyo Culebro, un lugar también llamado Polvoranca por un poblado en ruinas del mismo nombre que hay por allí. Lo que no hay es tal arroyo serpenteante, sólo una estepa desértica en la que parecen navegar las grandes poblaciones de Alcorcón al Norte, Fuenlabrada al Sur, Leganés al Este y Móstoles al Oeste. Justamente por la mitad pasará la autopista de circunvalación M-50 y con el pretexto de revitalizar el arroyo están calculando las posibilidades macroeconómicas, o algo así, de estas tierras abandonadas. Como acercamiento visual al que fue escenario de aventuras infantiles, tardes de novillos y cacerías de lagartijas sigo recomendando el viaje en tren desde Atocha hasta Móstoles o Fuenlabrada, los 2 extremos del arco que describe la línea 5 de cercanías al Sur de Madrid. En los tramos a cielo abierto podía elegir el lugar apropiado para empezar su reportaje y desde ese momento conocería más que yo. Hacía más de diez años que no había vuelto por allí. No tenía ni fotos.
- No debe haber nada. Antes había una pequeña laguna y una fuente, pero la gente lavaba los coches y todo eso ya desapareció. Una calurosa tarde de octubre los fotógrafos fueron en tren a Fuenlabrada y desde allí, caminando, atravesaron el desierto en dirección al Noroeste hasta Alcorcón. Cuando me contaron este paseo otoñal me pareció una secuencia de película tipo Paco Martínez Soria en la que uno de la ciudad va a un pueblo o viceversa, como pretexto para el estúpido baile de boinas. ¡Joder, mira que atravesar andando semejante estepa! Pero pasaron 3 cosas que me hicieron cambiar de opinión y sentir, por así decirlo, la llamada del desierto. Apareció en un periódico un retrato del cantaor Chato de la Isla anunciando una actuación. El Chato, vecino de Fuenlabrada, pasa sus soleadas tardes de ocio paseando por Polvoranca colgado de un pequeño aparato de radio. Los fotógrafos se lo encontraron en la estepa y su imagen con el camino desértico al fondo captada por uno de ellos me ha parecido desde que la vi una refinada idea de ocio. Una avería técnica en el obturador de la cámara de uno de los fotógrafos produjo una veladura en algunos de sus negativos. El trabajo estaba resuelto, pero quería más tomas fotográficas para elegir a gusto. Decidió hacer una segunda visita y me pidió que le acompañara en coche. De mi primer encuentro con la estepa recuerdo los espejismos propios de las llanuras, aún en las más vacías, la cinta de Gipsy Kings que hacíamos sonar todo el rato y que no tuve la suerte de conocer al Chato, quien, dicho sea de paso, no es un excéntrico solitario. Por la estepa había ciclistas, corredores de fondo y caminantes yendo de un lado para otro en todo momento. Aceleré la lectura y me ventilé en un pis pas Los trazos de la canción, el relato del viaje de Bruce Chatwin al corazón desértico de Australia para estudiar la religión y el modo de vida de los aborígenes como ilustración a su hipótesis sobre el origen nómada de los primeros humanos sobre el planeta Tierra. Chatwin, un evolucionista contemporáneo, describe en este libro un paisaje de hace millones de años en el que tras una glaciación desapareció abruptamente la estepa arbórea que separaba la selva del desierto y los monos que se refugiaban de las fieras prehistóricas con dientes de sable (¿los dragones y otros monstruos de las leyendas heredadas de nuestros ancestros?) trepando a los árboles tuvieron que elegir un camino. Los que se irguieron para andar y se adentraron en el desierto cantando (¿origen del lenguaje?) para poner nombre a lo que les rodeaba y orientarse (el miembro del cuerpo que les evolucionó para luchar con ingenio contra las nuevas dificultades fue el cerebro) son probablemente nuestros más lejanos antepasados. Según la hipótesis de Chatwin, infinitamente más brillante que lo que pueda parecer en este somero repaso, ésta es la razón para que los de nuestra especie sólo encontremos sosiego y felicidad cuando estamos en movimiento. En los mapas, Madrid es una telaraña sobre cuyos hilos se asientan las concentraciones urbanas e industriales. El continuo hormigueo de los madrileños y nuestros aparatos por las vías y los medios de comunicación cada vez más y más complejos, empieza a parecerse demasiado a la inmovilidad y la incomunicación. No es ése el movimiento que produce sosiego y felicidad. Y esto a cambio de ruido, polución, malos olores a los que por fuerza de la costumbre somos insensibles y basura, sólida para el tacto y visual para los ojos; contaminación detallada para todos y cada uno de los sentidos que empieza a parecerse al monstruo selvático que echó al desierto a nuestros primeros antepasados. Una fría tarde de invierno, un Arco Iris sobre la línea del cielo de Madrid a la altura de la estepa del arroyo Butarque hizo las veces de sirena. Me apeé del tren en la estación de Zarzaquemada, un privilegiado balcón (por razones incomprensibles, en vez de un túnel levantaron una escombrera de unos cinco metros sobre el nivel del suelo para este tendido ferroviario) sobre la extensión infinita: las autopistas radiales de Extremadura y Toledo a los lados, la M-40 y el arroyo venido a cloaca de Butarque atravesándola transversalmente, asentamientos humanos en concentraciones de chabolas y caravanas, industrias ilegales, las tapias y los desperdicios del gran cementerio del Sur, carreteras, caminos, senderos, tendidos eléctricos, una hilera de siete árboles carbonizados… Cerca de la estación, al pie mismo de la estepa, un camión había dejado olvidada una montaña de escombros desde la que se podía fotografiar lo que se veía desde allí. Pero justamente al pie de la montañita, unos yonquis en faena me hicieron sentir su incomodidad por mi presencia y la de mi cámara. Además de los yonquis, las estepas pertenecen a los jubilados, los parados, los inmigrantes ilegales, los lisiados que aún pueden andar y otros especímenes marginados de nuestra sociedad. Los herrumbrosos ex-coches, sus manchas de aceite y de restos de detergentes utilizados para lavarlos, sus neumáticos y todos los excrementos que exige para su cuidado el rey de nuestra movilidad, demuestran a las claras la hipótesis de Chatwin: decididamente los humanos somos nómadas, unos nómadas bastante vagos y guarros, pero nómadas al fin y al cabo. Ahora mismo están llegando a las estepas los primeros ex-contestadores automáticos, ex-aparatos de TV en color y ex-ordenadores que hace apenas un lustro llegaron a nuestros domicilios como gran novedad. Por un momento pensé que éramos los humanos los que estábamos fabricando un desierto a nuestro gusto para caminar alegremente por todo el planeta Tierra, pero cuando me envolvió el miedo de la oscuridad supe que no éramos nosotros los que estábamos fabricando un desierto, que era el desierto el que venía hacia nosotros a toda velocidad para hacer dunas de arena en nuestros corazones.
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theofehef @20:52
Yes, really.