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los Puyas

Puesta en escena: media tarde de domingo post partido de fútbol de pago que ha acabao empate sin goles en el bar del pueblo; silencio incómodo. Ha habido algún cruce de navajas como lenguas afiladas durante el partido tedioso, infradotao de comentaristas infames, aunque lo veo poco, los de los canales de pago son la créme de los speaker incluso peores que los de las radios de voces atipladas que suenan a silbato del árbitro. Intento explicar, pues a lo mejor he sido yo el que ha esgrimido la violencia verbal, en cualquier caso en ambiente de espadas en alto, que algunas veces las puyas y puyitas, aunque duelan como 1 herida en los pies, nos ahorran esfuerzos de to tipo, hasta económicos. Mal pero bien. Tengo que introducir en la conversación que conozco y trato con agrado al Puyas oficial del barrio, ni siquiera recuerdo el nombre, solo su apodo.
- Éso es imposible, el Puyas soy yo, me dice otra vez casi ofendido mi interlocutor. Ya resulta evidente que soy de los pocos que me expongo a los puyazos y puyitas que algunos van repartiendo por la vida y es clarividente que si trato y saludo con cierta cordialidad a al menos 2 de esos tipos que no tienen amigos, pues también tiro las mías cuando puedo y casi se entiende lo que es tomarse la vida como 1 desafío en el que no te puedes descuidar. Este que digo de la conversación siempre coloca el reloj a deshoras, manda a los que le preguntan por la dirección contraria y si vuelven lea suelta sonoros:
- Y yo qué sé. Del otro Puyas recuerdo brevemente sus proezas que se relatan: siempre tuvo por objetivo en la vida ser policía municipal y lo consiguió en oposiciones casi en la edad límite, pero que nadie tema, lleva años de baja médica, pero antes de eso, en el sitio que trabajaba había 2 bares y mientras que todos sus compañeros desayunaban en 1, él sólo se iba al otro y eso todos los días laborables.
- ¿Qué, te llaman? ¿Te llaman mucho? Preguntaba siempre a quienes veía con móviles, aunque no los conociera. En 1 periódico local buzoneao en el que trabajé durante años hicieron una serial sobre pueblos de procedencia que incluía visita al pueblo, donde se buscaban las relaciones y lazos diversos, quién tenía familia, también sus alcaldes, y luego entrevista y retratos a los personajes locales que se habían comentao. Estuvo bastante buen, conocí algunos sitios muy bonitos, a los que volvería con gusto, y por supuesto tuve trato más cercano con personas de mi entorno. 1 de esos pueblos fue el del Puyas que llamaré A, que además encontró 1 punto de vista original en mi reportaje, el castillo en ruinas al que daba el Sol de lleno reflejao en el pilón junto al arroyo. El editor de la publicación pagaba religiosamente los gastos pero con ánimo de obtener recursos adicionales me propuso hacer ampliaciones de las fotos de los pueblos que visitábamos e intentar vendérselas a los retratados y los de los pueblos. Por gran suerte pa mí y creo que para el editor se me ocurrió intentar venderle la foto del castillo reflejao en el pilón al Puyas que, justamente creo, elogió.
- ¿Pero qué dices? Fotos de mi pueblo tengo yo miles y si quiero alguna más, pues voy y la hago.