Somos números

Lenguas de fuego, bocas de humo

- No hace falta fuego, el infierno son los otros, Juan Paul Sartre. Escriba sus nombres enún papelillo junto con to lo que quiera borrar pa siempre y quémelo por la noche de San Juan en las hogueras que se prendan pa inflar todavía más la fuerza del Sol no sin antes reconocer quel cinismo clásico tenía que ver más con los comportamientos que las palabras. Diógenes de Sinope no dejó ni 1 escrito y aún se duda de to lo que se cuenta que salió por la boca del tonel en el que vivió y murió común perro, que eso quiere decir cínico.
- Arresten a los que aplauden, les espetó Valle Inclán a los policías que le detuvieron ante la muchedumbre enfervorizada, otro desos cuentos poco creíbles en los que los espectadores que purgan sus miserias aplaudiendo se sienten incómodos desde los primeros compases acompasaos porque creen que los están tomando el pelo otra vez. La delincuencia y la ignorancia tienen en común no calcular riesgos porque en sus planes, breve recorrido mental o lo que se quiera que se monten conel acto antes de perpetrarlo no cabe el si se les tuerce, que si se les tuerce siguen con la misma tónica: improvisando. Y eso que la lengua es de los músculos más fuertes, que se ha visto a mujeres forzudas arrastrando tractores con los dientes.
- Que se me quema la cena, otro clásico de las conversaciones telefónicas de voz, que se pasen al telefonillo o que la niña de la casa corra a apagar la llave del gas y la vuelva a abrir sin llama que esta moda de libros de telepredicadores escritos por otros como productos del corralito cultural que obliga a unos cuantos a lanzar producciones pal escaparate continuamente va pa largo aunque Umbral insistía en el libro sin importarle el envoltorio, algo que había que leer lo de dentro del forro las tapas independiente de quién lo firmara o firmase en las ferias, el lúgubre encanto de lo verdaderamente falso otra vez, que lo más sano que se ve por la tele es a los cocinillas con su Quimicefa y una vez chapoteao el fango los telepredicadores siguen escarbando mientras ordenan que se aplaudan chasqueando los dedos al público pagao.
- Mal comparaos con los monos, los Hom@ somos unos pobres idiotas, Ciorán. Está demostrao que cometemos estupideces cada cierto tiempo común tributo animal a nuestra humanidad pues los animales simplemente fallan, tanto más los que se exponen a los costosos maquillajes pa las luces de las pantallas que atraviesan de resultas que tos los telepredicadores tarde o temprano se equivocan o cometen errores disculpables según, tan cierto como quel maquillaje provoca erupciones en las piel estriadas por donde les han estirao por las operaciones o porque sus respectivas abuelas les apretaron mucho las coletas de forma que la tarea de los telepredicadores se reduce a provocar la estupidez de los entrevistados tanto mejor pa ellos cuanto más sea fácilmente repetidas entre las más ridículas o celebradas jugadas o jugarretas. Lengua de fuego Lactarius deliciosus
Lactarius deliciosus, L. sanguifluus, níscalos, rovellons
Lactarius controversus

Lactarius controversus

#Comunica2 apoyo del Manifiesto pro desarme de las Asamblea de Moscú y New York, @socialesensol #15m #28f 2012
Arthur C. Clarke, El mundo es 1, 1996.
Nigel Morris & Robert Verkaik, Reino Unido: ministros abandonan SITEL, traducido de The Independent, 13/11/2009.
George Orwell, 1984.
Juan Antonio Llorente, Historia crítica de la #inquisition española, siglo XVIII.
La rebelión de las masas Ortega 1929.