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Desde las fronteras marítimas y montañosas del Norte hacia el Sur de la península Ibérica quedan restos de puestos de vigilancia desde los que se hacían señales de manera parecida a las llamadas perdidas de los móviles en horas pactadas según los códigos al uso. En lo más inalcanzable de 1 desos puestos con emplazamiento elegido por la orografía del terreno, por tanto bien visible y en to lo alto anidó otra pareja de Pica pica, familia de ruidosas urracas que se acostumbraron a los horarios de los vigilantes perturbando sus señales que por entonces también debían ser sonidos de alarma necesitándose hasta 4 soldados que se iban yendo de 1 en 1 hasta confundir la cuenta y abatir a la madre urraca cuando volvió confiada a cuidar de sus polluel@s. El cálculo tiene que ver con la puesta de huevos que se ven capaces de sacar adelante las pájaras y no que también podrían ser banqueros las mamá urraca, sobre to por la forma de vestir el pingüino con elegancia.
